Solo...


Solo, acuna la sombra de su faz
dilatada, en las paredes del cuarto,
sus ojeras, se arrastran, busca paz,
en el laberinto de su antecuarto.

No sabe de rosas, mano rapáz,
repta entre delirios con sus infartos,
ronco de clamar, con su voz faláz,
deshidratado, perece en su parto.

Serpentea su canto en los infiernos,
su alma se perfila ardida entre brasas ,
conjura, en el llanto de sus avernos.

Ya no más torturas con sus inviernos,
el calor a regresado a las casas
germina el beso, de los sempiternos.

Verónica ©

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